¿ Cuál es tu finalidad en la vida ?

Para poder montar una de sus películas, La Montaña Sagrada, Alejandro Jodorowsky huyó de México donde las autoridades lo habían amenazado. Se instaló en Nueva York, donde empezó a sudar como fruto de la angustia que sentía. Un amigo le dio la dirección de un médico sabio en el barrio chino que le preguntó:

“¿Cuál es su finalidad en la vida?”

A lo que este respondió: “No vengo a tener una conversación filosófica. Vengo a que usted me cure de esta incesante transpiración”

El anciano insistió: “Si usted no tiene una finalidad en la vida, no lo puedo curar”…

Esta es la primera pregunta que también nos hará un “arbolista” antes de construir nuestro árbol genealógico. Es la clave de todo, la trampa sagrada que se esconde en nuestra vida, responderla es como encender una luz que permite ver lo que nos faltó en la misma raíz de nuestro árbol genealógico. Ahí están nuestras limitaciones, lo que nos da miedo, lo que se nos prohíbe.

Una pregunta que puede tomar muchas formas diferentes, aunque en esencia siempre es la misma:

¿Qué es lo que quieres hacer con tu vida?

¿Cuál es tu finalidad?

¿En qué te puedo ayudar?

¿Qué es lo que todavía no has conseguido?

¿Hacia dónde vas?

¿Cuál es tu horizonte ideal?

¿Qué tres deseos le pedirías a una Hada?

¿Qué harías si te hicieses invisible durante 24 horas?

(Piensa tu respuesta y después pincha para seguir leyendo)

Aquello que responde el consultante nos señala las prohibiciones de su árbol genealógico… Si respondo que quiero “disfrutar”, significa que hay una prohibición del placer, del deseo, en el árbol.

La finalidad es lo que somos, es nuestro guión auténtico, incompatible muchas veces con el guión que la familia nos impone. El árbol genealógico nos imprime una misión y tratará de que la cumplamos, aunque ello nos niegue ser lo que somos.

No siempre se tiene la respuesta al borde de los labios, a veces el mismo hecho de no haber sido deseados o tenidos en cuenta en nuestra infancia, puede hacernos carecer de finalidad en la vida de adultos. Para los que les cuesta muchísimo conectar con su finalidad y verbalizarla, se le recomienda que durante siete días vaya a comprar su pastel preferido y se lo tome tranquilo. Se despertará el placer, la parte creativa. Luego vendrá la finalidad.

Se nos ocurren tres poderosas razones por las que uno debe “parar el reloj de arena”, sentarse y plantearse de una vez cual es su finalidad:

1.-Cuando sabemos lo que queremos de verdad, y eso que queremos no lo estamos logrando de momento, de pronto descubrimos como por arte de magia que hay algo que nos lo impide: es “la trampa del árbol”.

Si queremos ser felices, nuestro árbol quiere que suframos.

Si queremos ser artistas, nuestro árbol nos está prohibiendo la creatividad

Si queremos amar, nuestro árbol nos limita las emociones.

Si queremos ser libres, nuestro árbol nos quiere esclavos.

Así hasta el infinito…

La forma en que lo hace, y la manera de lograr sanarnos y sanar el árbol para que esa finalidad no tenga impedimentos para ser alcanzada, las descubriremos utilizando las herramientas de la psicogenealogía.

2.-Verbalizar una finalidad es comenzar a caminar hacia ella. Nos parece que es como hacerle un pedido al Universo, es lanzar un mensaje, una oración… Ahí uno empieza a llamar al cambio, cuando declara su intención.

3.-Mostrar nuestra finalidad nos sitúa en lo que somos. El árbol nos da una misión loca, una identidad falsa, un no ser lo que somos en realidad. Cuando nos atrevemos a sacar al exterior lo que deseamos alcanzar, empezamos a ser felices, a estar más sanos, o lo que es lo mismo, empezamos a SER.

Es importante apuntar que la finalidad debe ser formulada de la forma más concreta posible, no abstracta. Como diría Marianne Costa, “si pides al hada una finalidad borrosa, te va a dar una finalidad borrosa”.

También Milton Erickson, con uno de sus terapéuticos relatos nos enseña algo fundamental: “Imponte siempre un objetivo real, para el futuro inmediato”.

En palabras de Alejandro Jodorowsky, “todos hemos nacido de un hombre y una mujer. En cualquier estado que estés, el universo quiere que te realices. La vida tiene la finalidad que tú decidas. Para poder realizarnos, debemos conocer los acuerdos del inconsciente familiar que nos lo impiden”.

Dime ahora: ¿cuál es tu finalidad? Y recuerda las palabras de Séneca: “No hay viento favorable para el que no sabe dónde va”.

Plano sin fin de Alejandro Jodorowsky

Manejando su propio cerebro

Me gustaría que probaran algunos experimentos simples, y enseñarles un poquito sobre cómo manejar su propio cerebro. Necesitarán esta experiencia para comprender el resto de este libro, de modo que les recomiendo que hagan los siguientes experimentos breves.

Seleccionen una experiencia pasada muy agradable, tal vez una en la que no han pensado por mucho tiempo. Deténganse por un instante para volver a ese recuerdo, y asegúrense que ven lo que vieron en el momento en que sucedió ese hecho agradable. Pueden cerrar los ojos si les resulta más fácil así…

Mientras miran ese recuerdo agradable, quiero que cambien la brillantez de la imagen, y noten como cambian sus sentimientos en respuesta a ello. Primero, háganlo más y más brillante… Ahora oscurézcanlo más y más, hasta que apenas puedan verlo… Ahora de nuevo vuélvanlo brillante…

¿Cómo cambia eso la manera como ustedes sienten? Siempre hay excepciones, pero para la mayoría de la gente cuando la imagen se hace más brillante los sentimientos son más Fuertes. Al aumentar el brillo generalmente aumenta la intensidad de los sentimientos, y al disminuirlo generalmente disminuye la intensidad de los sentimientos.

¿Cuantos de ustedes pensaron alguna vez en la posibilidad de variar intencionalmente el brillo de una imagen interna, a fin de sentirse diferentes? La mayoría deja que su cerebro muestre cualquier imagen al azar, y en respuesta a ella ustedes se sienten bien o mal.

Ahora seleccionen un recuerdo desagradable, algo que mientras piensan en eso los aplasta. Ahora oscurezcan más y más la imagen… Sí la oscurecen lo suficiente, no los molestará más. Ahora pueden ahorrase miles de dólares en cuentas de psicoterapia.

Yo aprendí estas técnicas gracias a personas que ya las dominaban. Una mujer me contó que vivía feliz todo el tiempo, que no dejaba que las cosas la afectaran. Le pregunté cómo lo hacía. Me replicó: “Bien cuando esos pensamientos desagradables invaden mi mente, yo les disminuyo el brillo”.

El brillo es una de las “submodalidades” de la modalidad visual. Las submodalidades son elementos universales que pueden usarse para cambiar cualquier imagen visual, sin importar su contenido. Las modalidades auditiva y kinestésica también poseen submodalidades, pero por ahora jugaremos con las submodalidades visuales.

El brillo o luminosidad es sólo uno de los muchos aspectos que pueden variar. Antes que vayamos a los otros, quiero hablarles sobre las excepciones al impacto que generalmente tiene el brillo. Si iluminan tanto una imagen que los detalles desaparecen y se vuelve casi blanca, eso reducirá, más que aumentar, la intensidad de sus sentimientos.

Generalmente la relación no se mantiene en el extremo superior. Para algunas personas, la relación se invierte en la mayoría de los contextos, de manera que al aumentar el brillo disminuye la intensidad de sus sentimientos.

Algunas excepciones obedecen al contenido. Cuando su recuerdo agradable es una imagen a la luz de las velas o al atardecer o parte de su encanto especial se debe a la penumbra, si se abrillanta la imagen sus sentimientos podrán atenuarse. Por el contrario, si recordaron un episodio de pánico en medio de la oscuridad, el pánico puede atribuirse al hecho de no ver lo que estaba ahí. Si iluminan la imagen y ven que ahí no hay nada, su miedo disminuirá. Así es que siempre hay excepciones, y cuando se examinan también las excepciones cobran sentido. Cualquiera que sea la relación, cabe emplear la información para cambiar su experiencia.

Ahora juguemos con otra variable de submodalidades. Elijan otro recuerdo agradable y varien el tamaño de la imagen. Primero, más y más grande… enseguida, más y más pequeña, y noten cómo cambian sus sentimientos…

La relación habitual es que una imagen más grande intensifica su respuesta, y que una imagen más pequeña la disminuye. Pero nuevamente hay excepciones, sobre todo en el extremo superior de la escala. Cuando una imagen se torna muy grande, puede súbitamente parecer ridícula o irreal. Su reacción puede entonces cambiar de calidad en vez de intensidad; del placer a la risa, por ejemplo.

Si cambian el tamaño de una imagen desagradable, probablemente encontrarán que al achicarla también disminuyen sus sentimientos. Si el hacerla muy grande la convierte en ridícula y risible, también pueden valerse de eso para sentirse mejor. Pruébenlo. Descubran qué es lo que les resulta a cada uno de ustedes.

Al margen de cuál sea la relación, lo que interesa es que descubran cómo funciona para ustedes su cerebro, y puedan aprender así a controlar su experiencia. Si reparan en ello, nada debería sorprenderlos.

La gente habla de “porvenir oscuro” o de “brillantes perspectivas”. “Todo se ve negro” “Mi mente quedó en blanco”. “Es algo mínimo, pero ella lo transformo en algo gigantesco”. Cuando alguien se expresa así, no es metáfora, generalmente, es una descripción literal y precisa de lo que la persona ha experimentado en su interior, en su subjetividad, por así decir.

Richard Blander (del libro: Use su cabeza para variar)

Decodificación: el estómago

ESTÓMAGO (en general)
El estómago recibe el alimento y lo digiere para colmar las diferentes necesidades de mi cuerpo en vitaminas, en proteínas, etc. Alimento mi cerebro del mismo modo por las situaciones y los acontecimientos de mi vida. Cada estómago tiene su propio funcionamiento. Por más que la forma general sea la misma, la digestión puede ser diferente de una persona a la otra. Así, la forma de mi estómago está en relación con mi personalidad.

Mi estómago refleja el modo en que absorbo e integro mi realidad y mi capacidad en digerir las nuevas ideas o las nuevas situaciones. Puede compararse a un barómetro indicando mi grado de apertura y mi modo de reaccionar en la vida. Los problemas de estómago aparecen cuando mi realidad cotidiana está en conflicto con mis deseos y mis necesidades. Estos conflictos se vuelven a encontrar habitualmente al nivel de mis relaciones familiares, amicales o al nivel de mis relaciones de trabajo.

Dolores de ESTÓMAGO
Conozco el trabajo efectuado por mi estómago y sé que representa mi modo de digerir, absorber e integrar los acontecimientos y las situaciones de mi vida. Los estirones en el estómago están vinculados con frecuencia a una necesidad de amor, de “alimento emocional” y de alimentos.

El alimento representa el afecto, la seguridad, el premio y la supervivencia. Si vivo un vacío cualquiera en mi vida, querré colmarlo con el alimento, en particular en los momentos de separación, muerte, pérdida o escasez de dinero. El alimento también puede ayudarme artificialmente a “liberarme” de las tensiones materiales o financieras. Siento como una carencia indispensable para mi supervivencia.

La fermentación, por su parte, procede del hecho que no quiero enfrentar ciertas emociones que vivo con relación a personas o situaciones. Pongo estas emociones de lado, pero éstas siempre son presentes, se acumulan, “fermentan”, bajo el efecto de mi actitud “ácida”. Rumio constantemente ciertas situaciones que viví y que “no digiero”. Por lo tanto tengo tendencia a “rumiar” situaciones pasadas y a vivir las mismas actitudes y las mismas emociones negativas. Éstas me quedan pues en el estómago. Es muy difícil para mi estómago digerir emociones no vividas. Al estar mi realidad en conflicto con mis sueños y mis necesidades, esto me lleva a vivir diversas emociones.

No expreso mis contrariedades, estoy irritado. La ira y la agresividad rugen en mí, pero las reprimo. Ya está! La úlcera y los ardores de estómago están aquí. Tengo grandes miedos, mi digestión se hace laboriosa porque mi estómago es nervioso y frágil. ¿Cuál es la situación de mi vida “que no digiero”?

Vivo gran inquietud, sobre todo debido a mi débil confianza en mí, lo cual hace difícil la aceptación de mis emociones. Los dolores de estómago se producirán cuando vivo una contrariedad en el campo de mis finanzas personales o de mi vida profesional. Ciertas situaciones son tan repugnantes y asquerosas que mi estómago rechaza digerirlas. Reacciono frente a mi realidad de un modo negativo y “ácido” y padezco indigestiones y nauseas.

La digestión es muy lenta si el estómago está tenso y rígido, evitando que cambios se produzcan en mi vida. Tomo consciencia que debo revelar más apertura en la vida y acepto que las situaciones y los acontecimientos están aquí para hacerme crecer. La aceptación permite transformarlos en experiencias y la presión o la tensión desaparece.

Ardores de ESTÓMAGO
Como lo indica su nombre, el ardor de estómago es señal de que algo, una situación, un suceso, una persona me quema, me acidifica, me enfurece. La situación me parece irritante, injusta y vivo interiormente impotencia.

Cuando tal situación me sucede, puedo preguntarme: “¿qué es lo que me quema o me pone furioso? ¿Qué es lo que a mí no me gusta y que no consigo digerir ”? También es muy posible que me enganche a esta ira de un modo inconsciente, porque tengo miedo de afirmarme, de soltarme y expresar mis necesidades, mis deseos y mis intenciones al nivel del corazón.

Soy único en todo y los demás son diferentes de mí en todo. Debo pues quedarme abierto y atento a mis propias necesidades y aceptar la entera responsabilidad de mis actos, por más que la gente sea diferente de mí. El hecho de volver a reprimir, inhibir una emoción (ira, pena, rabia) aumenta la acidez de los gases gástricos y, al mismo tiempo, me impide tragar cualquier cosa (porque los ardores manifiestan un tipo de presión interna en el área del estómago).

Debo ver el nexo entre mis auténticos sentimientos y los ardores de estómago. Conservo la calma y observo mi modo de ser, mis reacciones frente a las situaciones que vivo así como mi actitud frente a los acontecimientos cotidianos. Centrando mi atención en mi convicción que la vida es buena y que mis necesidades todas se colman en el momento adecuado, mi estima personal aumenta y mis próximas cóleras serán menos intensas. Tomo el tiempo de apreciar cada momento de mi vida y mi estómago se lleva mejor!

GASTRITIS
La gastritis es una inflamación aguda o crónica de la mucosa del estómago, lugar donde empieza el proceso de digestión. Si hay inflamación, hay irritación e ira frente a algo o a alguien a quien no digiero: ciertas cosas no pasan como quisiera, o puede ser una o personas que no actúan como lo deseo. Puedo tener el sentimiento de haber sido engañado y de estar enredado en una situación. Estoy irritado por algo que absorbió mi sistema de digestión y la realidad “digerida” me molesta en alto grado. Aprendo a aceptar las situaciones y a los demás tales como son, sabiendo que el único poder que tengo es el poder sobre mí – mismo.

Jacques Martel

La resistencia al cambio

El cambio de los patrones de conducta negativos es algo opcional, pero esa decisión personal puede marcar la diferencia para lograr el éxito.

No siempre es fácil cambiar nuestros patrones de vida, pero es posible hacerlo. Sea cual fuere el punto donde te encuentras actualmente, puedes lograr lo que desees. Cómo hacerlo es lo que trataremos de explicar.

Hay que reconocer un hecho: siempre que decidimos cambiar enfrentamos resistencia. Todo cambio suscita un desafío, sobre todo al principio. Cuantas veces habrás escuchado a alguien decir: “Yo soy así, no puedo cambiar”. La verdad es que sí puedes cambiar, pero tus viejos patrones de vida tratarán de persistir.

¿Qué hacer para lograr el cambio?
Primero hay que reconocer que todo cambio ha de enfrentar resistencia. En pocas palabras debemos prepararnos para lograr el cambio.

Cómo se forman esos patrones de vida
Desde el momento que nacemos empezamos a desarrollar patrones de comportamiento. Por ejemplo, pensemos en nuestra actitud hacia el comer.

Cuando éramos bebés, llorábamos por diferentes razones: sed, calor, frío, frustración, porque estábamos mojados, porque deseábamos atención. Cuando llorábamos en muchas ocasiones, se nos daba de comer. De manera tal que se estableció una asociación según la cual la solución a cualquiera de los anteriores problemas era comer.

Por razones similares, nuestro comportamiento actual es resultado de las experiencias adquiridas en la infancia.

En los primeros años, no tenemos criterio y nuestro cerebro está vacío de información por lo tanto la absorbemos como una esponja.

Debido que nuestras primeras relaciones en el mundo se dan a través de nuestros padres, su influencia en nuestra vida es enorme. De manera consciente, pero fundamentalmente de modo subconsciente, creamos en nuestras vidas patrones que reflejan nuestra experiencia al lado de nuestros padres.

a) Solemos establecer relaciones con personas que se asemejan a nuestros padres. Así pues, puede ocurrir que busquemos amigos entre personas parecidos a nuestro padre o madre.

b) Las relaciones que establecemos con los demás son un reflejo de las relaciones que nuestros padres establecían con la gente. Sí nuestros padres eran amables y cariñosos, tendremos la tendencia a ser así.

 

c) Buscamos pareja entre aquellas personas que se asemejan a nuestro padre o a nuestra madre. Esto puede ocurrir no solo en una ocasión, sino una vez tras otra. La explicación es que en los primeros años, nos formamos imágenes subconscientes que nos señalan, por ejemplo, “que los hombres de verdad son altos, morenos y callados” (como mi padre), o bien que las mujeres deben ser “chiquitas y de buenos modales” (como mi madre). Sin darnos cuenta buscamos una pareja que se ajuste a la imagen que tenemos formada.

No tenemos por qué resignarnos a vivir siempre con nuestros actuales patrones de comportamiento. Los patrones negativos pueden oponer resistencia, pero no son invencibles.

Debes pensar siempre positivamente en ti mismo y en tu situación. La disciplina mental que para ello se requiere puede salir cara, pero las recompensas son fabulosas.

Procura hablar siempre bien de ti mismo e imagina que tu vida funciona como tú deseas, así crearás nuevos patrones de éxito y felicidad. Ten presente que existe en ti la posibilidad de rediseñar tus patrones de comportamiento para convertirte en la persona que deseas.

De mis experiencias personales, les puedo decir que yo me creía un producto listo y terminado que a mis 45 años de edad, ya estaba formado. Tanto así que cuando algún amigo me hacia notar la falta de paciencia o la mala manera de decir las cosas, yo le respondía: “soy así, genio y figura hasta la sepultura”, o más bien le quería decir, “mira, no hagas bromas que ya soy mayorcito para que alguien ande diciéndome qué debo decir y qué no. Ya soy así y a mí no me has de cambiar”. Habrá usted alguna vez escuchado eso?.

Mire, cambiar es una decisión. La tomas, o no, sin vueltas, o sigues cosechando lo mismo que has cosechado hasta hoy, o cambias.

Si no te gusta lo que la vida te da, eso es buen síntoma para el cambio. Empieza a cambiar y también cambiará lo que recibas, así funciona el universo, me guste o no, sepa como funciona o no.

Eduardo Crusco Granados

El circuito psicobiológico de la ira

Cada vez que usted se enfada, su cuerpo, sufre un aumento de la frecuencia cardiaca, de la presión arterial y aumenta la producción de la hormona testosterona, disminuye el cortisol (la hormona del estrés), y el hemisferio izquierdo del cerebro se activa más.

Las emociones generan profundos cambios en el sistema nervioso autónomo que controla la respuesta cardiovascular y la del sistema endocrino, además se producen cambios en la actividad cerebral, principalmente en los lóbulos frontales y temporales. No obstante, “al centrarnos en la actividad cerebral asimétrica del lóbulo frontal que se produce experimentamos emociones, existen dos modelos que entran en contradicción en el caso de la ira.

El primer modelo de valencia de emoción, propone que la región frontal izquierda del cerebro está implicada en la experiencia de emociones positivas, mientras que la derecha está más relacionada con las emociones negativas. El segundo modelo, de dirección motivacional expone que la región frontal izquierda está implicada en la experiencia de emociones relacionadas con el acercamiento, mientras que la derecha se asocia con las emociones que provocan la retirada.

Las emociones positivas, como la felicidad, suelen asociarse a una motivación de acercamiento y las negativas, como el miedo o la tristeza, se caracterizan por una motivación de retirada. Sin embargo, no todas las emociones se comportan de acuerdo a esta relación. “El caso de la ira es especial porque se experimenta como negativa pero, a menudo, evoca una motivación de acercamiento.

Ante la experiencia de la ira, se observa un aumento de la ventaja del oído derecho, que indica una mayor activación del hemisferio izquierdo, lo que apoya el modelo de dirección motivacional. En otras palabras, cuando nos enfadamos, nuestra respuesta cerebral asimétrica está mediada por la motivación de acercamiento al estímulo que nos provoca la ira y no tanto por el hecho de considerar este estímulo como negativo: Normalmente cuando nos enfadamos mostramos tendencia natural a acercarnos a aquello que nos provoca la ira para tratar de eliminarlo.

IRA Y ENFERMEDAD CARDIACA

Hay personas que viven como el mercurio, con la menor cosa se les sube la ira, muchas veces esta condición está ligada a enfermedades orgánicas, otras veces con enfermedades psíquicas. Nuestros padres eran sabios, cuando nos miraban enojados, nos decían, respira profundo y cuenta hasta diez.

Aunque controlarse cuesta demasiado, habrá que hacerle caso al consejo de nuestros padres porque más investigaciones científicas demuestran que los ataques de ira y hostilidad aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La evidencia surge a partir de un estudio que la Universidad de Duke, Estados Unidos, realizó en 313 veteranos de guerra del Vietnam, que se encontraban sanos: Al monitorear su salud, se encontró que la ira, la hostilidad y la depresión conducían a subir el riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes e hipertensión. La investigación duró diez años, incluyó pruebas médicas, evaluaciones psicológicas que permitieron determinar los niveles de hostilidad, ira y depresión. ¿Cómo llegaron a los resultados? Los científicos midieron un parámetro: los niveles de la proteína C3 en la sangre, que indica la inflamación de las arterias coronarias, un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular. Hallaron que el 25% de los participantes con mayores niveles de ira, hostilidad y depresión tenían un aumento significativo y constante en los niveles de la proteína C3. En cambio, en el 25% de los veteranos con menos niveles de ira, hostilidad y depresión, no se registraron cambios.

Hasta el momento, se desconoce con certeza por qué los niveles de la proteína C3 se van por las nubes a partir de un ataque de ira. Pero los científicos, estiman que la ira dispara una serie de reacciones químicas en el sistema inmune que terminan produciendo la inflamación. La inflamación (indicada por los niveles de la proteína en sangre) pone en riesgo a los hombres de hipertensión, diabetes y enfermedad de las arterias coronarias. La ira está relacionada con un pronóstico desfavorable en pacientes con enfermedad coronaria porque puede inducir isquemia miocárdica y arritmias. Esta observación está lejos de ser absoluta ya que varía con la intensidad y duración de la ira y de la capacidad de cada individuo de regular las emociones.

Los pacientes con tendencia fácil a la ira y alta tendencia a reprimirla se considera que pertenecen al tipo de personalidad “D” y tienen riesgo aumentado de efectos adversos. RECUERDE QUE DESATAR LA IRA… ES LO MEJOR… EL TEMA ES “COMO” DESATARLA…………. (aprenda técnicas de relajación o de exteriorización de emociones, inteligencia emocional, para expresar de la mejor forma las EMOCIONES), y DEFINITIVAMENTE REPRIMIRLA Y MOSTRAR CARA DE FELIZ CUMPLEAÑOS… ES LO PEOR.

Lic. Victor Morales

Ser consciente de uno mismo

En palabras de John Mayer, un psicólogo de Universidad of New Hampshire que, junto a Peter Salovey, de Yale, ha formulado la teoría de la inteligencia emocional, ser consciente de uno mismo significa «ser consciente de nuestros estados de ánimo y de los pensamientos que tenemos acerca de esos estados de ánimo».

Ser consciente de uno mismo, en suma, es estar atento a los estados internos sin reaccionar ante ellos y sin juzgarlos. Pero Mayer también descubrió que esta sensibilidad puede no ser tan ecuánime, como ocurre, por ejemplo, en el caso de los típicos pensamientos en los que uno, dándose cuenta de sus propias emociones, dice «no debería sentir esto», «estoy pensando en cosas positivas para animarme» o, en el caso de una conciencia más restringida de uno mismo, el pensamiento fugaz de que «no debería pensar en estas cosas».

Aunque haya una diferencia lógica entre ser consciente de los sentimientos e intentar transformarlos, Mayer ha descubierto que, para todo propósito práctico, ambas cuestiones van de la mano y que tomar conciencia de un estado de ánimo negativo conlleva también el intento de desembarazamos de él. Pero el hecho es que la toma de conciencia de los sentimientos no tiene nada que ver con tratar de desembarazamos de los impulsos emocionales.

Cuando gritamos «¡basta!» a un niño cuya ira le ha llevado a golpear a un compañero, tal vez podamos detener la pelea pero con ello no anularemos la ira, porque el pensamiento del niño sigue todavía fijado al desencadenante de su enfado («¡pero él me ha quitado mi juguete!») y, de ese modo, jamás lograremos erradicar la cólera. En cualquier caso, la comprensión que acompaña a la conciencia de uno mismo tiene un poderoso efecto sobre los sentimientos negativos intensos y no sólo nos brinda la posibilidad de no quedar sometidos a su influjo sino que también nos proporciona la oportunidad de liberamos de ellos, de conseguir, en suma, un mayor grado de libertad.

En opinión de Mayer, existen varios estilos diferentes de personas en cuanto a la forma de atender o tratar con sus emociones:

•La persona consciente de si misma. Como es comprensible, la persona que es consciente de sus estados de ánimo mientras los está experimentando goza de una vida emocional más desarrollada. Son personas cuya claridad emocional impregna todas las facetas de su personalidad; personas autónomas y seguras de sus propias fronteras; personas psicológicamente sanas que tienden a tener una visión positiva de la vida; personas que, cuando caen en un estado de ánimo negativo, no le dan vueltas obsesivamente y, en consecuencia, no tardan en salir de él. Su atención, en suma, les ayuda a controlar sus emociones.

•Las personas atrapadas en sus emociones. Son personas que suelen sentirse desbordadas por sus emociones y que son incapaces de escapar de ellas, como si fueran esclavos de sus estados de ánimo. Son personas muy volubles y no muy conscientes de sus sentimientos, y esa misma falta de perspectiva les hace sentirse abrumados y perdidos en las emociones y, en consecuencia, sienten que no pueden controlar su vida emocional y no tratan de escapar de los estados de ánimo negativos.

•Las personas que aceptan resignadamente sus emociones. Son personas que, si bien suelen percibir con claridad lo que están sintiendo, también tienden a aceptar pasivamente sus estados de ánimo y, por ello mismo, no suelen tratar de cambiarlos. Parece haber dos tipos de aceptadores, los que suelen estar de buen humor y se hallan poco motivados para cambiar su estado de ánimo y los que, a pesar de su claridad, son proclives a los estados de ánimo negativos y los aceptan con una actitud de “dejadez” que les lleva a no tratar de cambiarlos a pesar de la molestia que suponen (una pauta que suele encontrarse entre aquellas personas deprimidas que están resignadas con la situación en que se encuentran).

Según cuenta un viejo relato japonés, en cierta ocasión, un belicoso samurai desafió a un anciano maestro zen a que le explicara los conceptos de cielo e infierno. Pero el monje replicó con desprecio:

—¡No eres más que un patán y no puedo malgastar mi tiempo con tus tonterías!

El samurai, herido en su honor, montó en cólera y. desenvainando la espada, exclamó:

—Tu impertinencia te costará la vida.

—¡Eso —replicó entonces el maestro— es el infierno!

Conmovido por la exactitud de las palabras del maestro sobre la cólera que le estaba atenazando, el samurai se calmó, envainó la espada y se postró ante él, agradecido.

—¡Y eso —concluyó entonces el maestro—, eso es el cielo!

La súbita caída en cuenta del samurai de su propio desasosiego ilustra a la perfección la diferencia crucial existente entre permanecer atrapado por un sentimiento y darse cuenta de que uno está siendo arrastrado por él.

La enseñanza de Sócrates «conócete a ti mismo» —darse cuenta de los propios sentimientos en el mismo momento en que éstos tienen lugar— constituye la piedra angular de la inteligencia emocional.

Daniel Goleman