La nueva medicina – por Bach

La verdadera paz de la mente y el alma está con nosotros cuando progresamos espiritualmente, y eso no puede obtenerse solamente con la acumulación de riquezas, por grandes que éstas sean.

Pero los tiempos están cambiando y hay muchas indicaciones de que la civilización ha comenzado a pasar de la era del puro materialismo al deseo de las realidades y verdades del universo.

El interés general y el rápido aumento que hoy se demuestra por el conocimiento de las verdades suprafísicas, el creciente número de quienes desean información sobre la existencia antes y después de la vida, el hallazgo de métodos para vencer la enfermedad por intermedio de la fe y técnicas espirituales, y la búsqueda de las antiguas enseñanzas y la sabiduría de Oriente, son signos de que la gente de hoy hay empezado a vislumbrar la realidad de las cosas.

Así, cuando llega el tema de la curación, se comprende que también éste tenga que ponerse a la altura de los tiempos y cambiar sus métodos apartándose del materialismo grosero y tendiendo hacia una ciencia fundada en las realidades de la verdad, y gobernada por las mismas leyes divinas que rigen nuestras naturalezas.

La curación pasará del dominio de los métodos físicos de tratamiento del cuerpo físico a la curación mental y espiritual que, al restablecer la armonía entre la mente y el alma, erradicará la auténtica causa de la enfermedad, y permitirá luego la utilización de medios físicos, si éstos fueran necesarios, para completar la curación del cuerpo.

Parece totalmente posible que, a menos que la profesión médica se dé cuenta de estos hechos y avance con el crecimiento espiritual del pueblo, el arte de la curación pasará a manos de las órdenes religiosas o a manos de los legítimos sanadores que existen en toda generación, pero que hasta ahora han vivido más o menos ignorados, impidiéndoseles seguir la llamada de su naturaleza ante la actitud de los ortodoxos.

Así pues, el médico del futuro tendrá dos finalidades principales en las que orientarse:

La primera será ayudar al paciente a alcanzar un conocimiento de sí mismo y señalarle los errores fundamentales que puede estar cometiendo, los defectos de su caracter que tenga que remediar, los defectos de su naturaleza que tenga que erradicar y sustituir por las virtudes correspondientes.

Semejante médico tendrá que haber estudiado profundamente las leyes que rigen a la humanidad y a la propia naturaleza humana, de forma que pueda reconocer en todos los que a el acuden, los elementos que causan el conflicto entre alma y personalidad. Tiene que poder aconsejar al paciente cómo restablecer la armonía requerida, qué acciones contra la unidad tiene que suspender y qué virtudes tiene que desarrollar necesariamente para limpiar sus defectos.

Cada caso requerirá un cuidadoso estudio, y sólo quienes hayan dedicado gran parte de su vida al conocimiento de la humanidad, y en cuyos corazones arda el deseo de ayudar, podrán emprender con éxito esta gloriosa y divina labor en pro de la humanidad: abrir los ojos al que padece e iluminarle sobre la razón de su existencia, inspirarle esperanza, consuelo y confianza que le permitan conquistar su enfermedad.

El segundo deber del médico será administrar los remedios que ayuden al cuerpo físico a recobrar fuerzas y permitan a la mente serenarse, ampliar su punto de vista y esforzarse en pos de la perfección, trayendo paz y armonía a toda la personalidad. Tales remedios se encuentran en la naturaleza, (…) algunos de éstos son conocidos y otros muchos son buscados actualmente por los médicos en diferentes partes del mundo, especialmente en nuestra madre la India, y no hay duda de que, cuando estas investigaciones se desarrollen más, recuperaremos gran parte de los conocimientos que se tenían hace dos mil años, y el sanador del futuro tendrá a su disposición los maravillosos remedios naturales, que fueron divinamente colocados para que el ser humano aliviara sus dolencias.

De este modo, la abolición de la enfermedad dependerá de que la humanidad descubra la verdad de las leyes inalterables de nuestro universo y de que se adapte con humildad y obediencia a estas leyes, trayendo así la paz entre su alma y su ser, y recobrando la verdadera alegría y felicidad de la vida.

Y la parte correspondiente al médico consistirá en ayudar al que sufre a conocer esa verdad, en indicarle los medios por los que podrá obtener la armonía, inspirarle con la fe en su divinidad que todo lo puede, y administrar remedios físicos que le ayuden a armonizar su personalidad y curar su cuerpo.”

Extracto del libro “Cúrese a ud. mismo”
Edward Bach – 1931

Anuncios